El arco viaja sobre las cuerdas, y la cellista, que solo ahora se une al trío, parece mirar a las otras dos ejecutantes con un aire de pregunta. No pregunta, no es explícita, pero cada tanto las mira, como si el que ellas tocaran primero una pieza para piano y violín sin incluirla le diera menos derechos sobre el escenario. Y por supuesto, no mira al niño en primera fila, que respeta las órdenes de su padre de no hablar y habla en voz baja. Parece darse vuelta y preguntarles a sus compañeras, ¿qué hacemos? ¿ustedes pueden soportarlo? Si ustedes pueden yo puedo. Pero, parece decir, lo mataría. Continuar leyendo ‘una cellista’
una cellista
con el tiempo
Me puedo ver en ese momento: estoy sentado al borde del sofá del living, con mis codos sobre las rodillas, con el dedo índice apoyado sobre los labios, como pidiendo silencio, el pulgar bajo la barbilla, mi ropa humedeciéndose con el vapor que sale del baño. Ella está parada delante de mí envuelta en una toalla esperando que dé un paso. Le sonrío y ella me devuelve la sonrisa y sale corriendo. Continuar leyendo ‘con el tiempo’
las visitantes
Para m.m.m
Estaba caminando solo, pateando una lata o pensando en otras cosas. No tendría más de catorce o quince años y en esos tiempos no miraba demasiado para los costados, debía estar distraído cuando me atraparon.
la ausencia de frida k
I
Desde que vivo solo redescubrí a la mayoría de los habitantes edificio, como si ahora que yo era el único ocupante de mi departamento ellos sintieran la obligación de presentarse de nuevo y yo de conocerlos. Me saludan, los saludo, me repiten su nombre como si nos encontráramos por primera vez (de todas formas olvido la mayoría de los nombres), todos conocidos de años. Sin embargo a ella no la había visto nunca antes; la vi por primera vez un lunes por la tarde bajando del ascensor. Se llamaba, y se sigue llamando, Frida. Ese día viajé con ella hasta el tercer piso y la seguí con la mirada hasta que entró al departamento al final del pasillo. Después apreté el botón del quinto.
in time
I can see myself back then. I am siting in the living room, with a finger against my lips, as if asking for silence, my thumb against my chin, my elbows on my knees and all the papers around me. The vapor coming out of the bathroom was moistening them and she was standing in front of me wrapped in a towel, waiting for me to make a move. I smiled and she smiled back, then ran away. I got the papers together, put them in a blue folder, put the folder in my bag.
los ojos ciegos
Primero una mano, después el roce delicado de la tela y sus ojos ya no ven. La palma abierta de la mano cubre su rostro retirándose lentamente, lo acaricia y se aleja dejando solo el roce de las yemas de los dedos, y después, por un instante, nada.
antes del fin
No soy de este lugar. Alguna vez me han dicho que sí, pero me han dicho muchas cosas. Dicen a veces que nací en un lugar sin tiempo, pero yo siento su paso. Dicen que soy hijo único, que nazco de nuevo todos los días. Otras veces dicen que mi llegada ha sido un hecho único, irrepetible.
dominion
Though lovers be lost, love shall be not
and death shall have no dominion.
Dylan Thomas
I like to call it a platonic non-romance, this thing that is going on with the ballerina. She’s nice, and sweet and so much like some former lovers, like all lovers. I like to think of it as naïve, unsure. I like to think it’s a game. Continuar leyendo ‘dominion’
la historia sin fin
Llegaron escondido durante la noche, sin previo aviso, destruyendo lo que econtraban a su paso.
Los distintos informes de los presentes se contradicen: uno aseguraba haberse encontrado con un hombre apenas entrar, haberlo empujado hasta que ambos cayeron por el balcón. Otro aseguraba haber encontrado una pareja en el dormitorio, durmiendo inconscientes de lo que ocurría a su alrededor, y haber descargado su arma contra ellos sin que ninguna bala les hiciera daño. Cuando el resto de sus compañeros entraron, las dos personas habían escapado. Las historias se multiplicaban: Blaine muerto a balazos en la cocina, Blaine suicidándose antes de que lo mataran con un veneno que llevaba en un anillo , Blaine escapando por el pasillo, incendiado. Quizás la historia más lúcida, la más coherente, sea la contó el propio Pablo:
Había entrado junto con el resto, en silencio. Se dividieron en dos grupos de ocho (nadie más pudo decir cuántos entraron en la casa), cada grupo fue a un cuarto. El departamento era mucho más grande de lo que esperaban: había puertas detrás de las puertas detrás de las puertas. A cada paso, los grupos se separaban en dos, en cuatro, en ocho… finalmente Pablo se vio solo frente a una puerta oscura. Parecía un placard, pero era la entrada a otro cuarto. Adentro, en la oscuridad, lo esperaba una versión inmovil, demacrada, con el pelo ralo y canoso de Blaine. Pablo le apuntó y él no se movió. Pablo le ordenó que se pusiera de pie y Blaine gruñó y tembló, como si sus pulmones no tuvieran suficiente fuerza. Se le acercó. Lo sujetó de la camisa vieja que llevaba, acercó el arma a su sien. Empezó a sentirse mareado. Sintió el tacto del cañón contra su propia cabeza, pero sabía, veía que estaba apuntando a Blaine, que solo tenía que apretar el gatillo y todo terminaría ahí. Sintió su dedo presionar el gatillo, el tambor girar, la bala desprenderse y viajar lentamente. Blaine sonreía, lo había engañado, pensó Pablo, estaba vivo.
Pablo se negó, cerró con violencia los ojos ciegos y empujó la bala con toda su voluntad: todo recobró su velocidad normal, todo se volvió turbio y rojo y en medio de una explosión, fuego en las paredes, Pablo vio el rostro de Blaine desfigurado, destruido: sonreía.
el sueño del terrible
Las puertas se abren y el hombre alto entra como un golpe en el salón, casi cayendo al piso. Se tropieza al bajar los escalones, se levanta como puede, empieza a recorrer las mesas. Unas pocas personas se dan vuelta a verlo, la mayoría lo ignora. El lugar está tranquilo, callado, la gente permanece en su lugar. Parece seguro. El hombre mira a los costados y finalmente se acerca a la barra: –Me dijeron que buscara a Blaine, dice.