01
Dic
08

la historia sin fin

Llegaron escondido durante la noche, sin previo aviso, destruyendo lo que econtraban a su paso.

Los distintos informes de los presentes se contradicen: uno aseguraba haberse encontrado con un hombre apenas entrar, haberlo empujado hasta que ambos cayeron por el balcón. Otro aseguraba haber encontrado una pareja en el dormitorio, durmiendo inconscientes de lo que ocurría a su alrededor, y haber descargado su arma contra ellos sin que ninguna bala les hiciera daño. Cuando el resto de sus compañeros entraron, las dos personas habían escapado. Las historias se multiplicaban: Blaine muerto a balazos en la cocina, Blaine suicidándose antes de que lo mataran con un veneno que llevaba en un anillo , Blaine escapando por el pasillo, incendiado. Quizás la historia más lúcida, la más coherente, sea la contó el propio Pablo:

Había entrado junto con el resto, en silencio. Se dividieron en dos grupos de ocho (nadie más pudo decir cuántos entraron en la casa), cada grupo fue a un cuarto. El departamento era mucho más grande de lo que esperaban: había puertas detrás de las puertas detrás de las puertas. A cada paso, los grupos se separaban en dos, en cuatro, en ocho… finalmente Pablo se vio solo frente a una puerta oscura. Parecía un placard, pero era la entrada a otro cuarto. Adentro, en la oscuridad, lo esperaba una versión inmovil, demacrada, con el pelo ralo y canoso de Blaine. Pablo le apuntó y él no se movió. Pablo le ordenó que se pusiera de pie y Blaine gruñó y tembló, como si sus pulmones no tuvieran suficiente fuerza. Se le acercó. Lo sujetó de la camisa vieja que llevaba, acercó el arma a su sien. Empezó a sentirse mareado. Sintió el tacto del cañón contra su propia cabeza, pero sabía, veía que estaba apuntando a Blaine, que solo tenía que apretar el gatillo y todo terminaría ahí. Sintió su dedo presionar el gatillo, el tambor girar, la bala desprenderse y viajar lentamente. Blaine sonreía, lo había engañado, pensó Pablo, estaba vivo.

Pablo se negó, cerró con violencia los ojos ciegos y empujó la bala con toda su voluntad: todo recobró su velocidad normal, todo se volvió turbio y rojo y en medio de una explosión, fuego en las paredes, Pablo vio el rostro de Blaine desfigurado, destruido: sonreía.


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Oxi-bithue es una marca de cigarillos que solo se vende en el Uruguay. Se supone que fumar oxi's es pertenecer a un selecto grupo de personas, que dos fumadores de oxi pueden reconocerse de lejos.

 

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