No soy de este lugar. Alguna vez me han dicho que sí, pero me han dicho muchas cosas. Dicen a veces que nací en un lugar sin tiempo, pero yo siento su paso. Dicen que soy hijo único, que nazco de nuevo todos los días. Otras veces dicen que mi llegada ha sido un hecho único, irrepetible.
A veces camino por la calle y la gente que me reconoce, que sabe quien soy, me escapa. Aunque tratan de ocultármelo, sé que hay gente que me teme, me desconoce, me inventa. He oído mitos (burlando la vigilancia de quienes me cuidan) de que es mi voluntad que hace que el sol se levante por la mañana, que de noche mi ser o parte de mi ser baja al mundo de los muertos, a luchar contra los demonios en las regiones de oscuridad.
A veces, cuando creen que duermo, me llegan noticias que quieren ocultarme. Otras veces me entero de que mis informantes han dejado de ser de confianza. Cuando son descubiertos son reemplazados, y personas que nunca antes he visto ocupan su lugar.
Mi llegada aquí ha ocasionado grandes cambios. A lo largo de este planeta, de esta versión de mi planeta, catorce mil imprentas imprimen a todas horas mis palabras (no soy de hablar mucho). Entre las cosas que quieren ocultarme pero me he enterado, he sabido (por informantes que me lo han contado, o por mis propios oídos, cuando salgo a recorrer la ciudad esperando que nadie me reconozca (las historias contradictorias que cuenctan acerca de mí, joven y viejo, fuerte y frágil, me ayudan a permanecer anónimo)) que por esto casi ya nadie escribe, que la ficción es considerada inútil o redundante ahora que todos los hombres me leen. Al parecer alguien que viene de donde yo vengo tiene mucho para decir aquí. Las historias que cuento (nimias, mínimas) son la verdad de mi mundo de origen. Ocurre que en esta versión de la tierra ciertas historias no son conocidas, y algunas obras comunes para mí son completamente novedosas. Mis experiencias cotidianas de antes de atravesar el camino que me trajo a este mundo llaman la atención de los habitantes, y se consideran insuperables como literatura.
He pensado a veces en extender mi obra. No sólo la literatura, sino el arte, la música y el cine no son del todo iguales a los que yo conozco, y sin duda estoy en condiciones de hacer aportes que serán considerados novedosos y tal vez definitivos. A veces pienso que sería bueno comenzar, poco a poco, a introducir nuevas nociones, sugerir (aunque no, como en el caso anterior, acaparar) “nuevas” formas de música, de narración o de imágen.
Trato de ser cauto. Aunque lo alaban, me angustia terriblemente pensar en todas las personas que sienten que mi arte les prohíbe de generar el suyo. Cualquier intento de explicación, de aclaración del hecho de que no es arte nuevo y elevado, sino sencillamente posibles verdades de otros mundos es considerado como la forma más elevada de este nuevo arte, mi arte. Formas menores de la literatura también sienten mi influencia: cada vez hay menos novelas gráficas y revistas de consultorio que no sean en cierta forma producción mía. Me han dicho que las condiciones son propicias para que incursione en géneros mayores como el teatro y la música, y que dentro de poco el cine no será sino una sucesión de imágenes descritas por mí. Por complicado que suene, esto es bastante factible, como ya lo demostré con la literatura. Sin embargo, el tiempo pasa y la memoria empieza a fallarme. Hace tiempo era capaz de dictar catorce mil palabras en un solo día (a pesar de que soy de hablar poco), todas, cada una de ellas precisas y exactas. Ahora decaigo, mi memoria se pierde. Muchas veces he tenido que recurrir a quienes me acompañan para estar seguro de que una cierta obra, un cierto análisis no lo había dictado con anterioridad. Mientras el tiempo avanza, siento que mis fuerzas se agotan, pero debo continuar, pues soy lo único que mantiene vivo el arte de este mundo. Demasiado depende de mi sobrevivencia, y aunque temo apoyarme en mis segundos, pues ellos no tienen experiencia directa con mi lugar de origen, cada vez mis fuerzas se reducen más y apoyarme en ellos para recordar ciertas cosas. Ya he olvidado mucho: he olvidado ciertos tonos azules y verdes del atardecer que no existen aquí, ciertas pinturas que solo yo he visto. A veces he debido recurrir a la imaginación de otros porque la mía me falla, mis recuerdos se hacen dudosos.
Mi origen a veces se me hace incierto también: a veces temo que eso también haya sido solamente un olvido, solo algo que me contaron.
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